Mayra Arena, invitada especial a la apertura del II Capítulo ‘Contextos y Contenidos de las Relaciones Interculturales’ de la Diplomatura en Interculturalidad de Aluminé, brindó una atrapante exposición y luego realizó un fluido intercambio de opiniones con los capacitadores y participantes.

El secretario de Extensión Universitaria y coordinador general de la diplomatura, Mg. Gustavo Ferreyra, le dio la bienvenida a Mayra Arenas y realizó una calidad presentación. “Una lúcida interpretación de su historia de vida y que la proyecta en una pantalla que la hace colectiva y tiene la lucidez para describirla en un tono casi etnográfico, sociológico, político y, sobretodo, humano”, expresó.

La Diplomatura de Extensión virtual “Elementos para la Comprensión y la Acción en Contexto de Relaciones Interculturales” cuenta con certificación conjunta de la Universidad Nacional del Comahue y la Universidad de la Frontera (Chile) y está organizada en conjunto con la Municipalidad de Aluminé, la Fundación de la Universidad Nacional del Comahue para el Desarrollo Regional (FUNyDER), el COPADE, cuenta con la participación de distintas organizaciones locales y el financiamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI).

“No voy a flashear fama, no soy especialista en nada, no tengo ningún grado académico, soy una piba que se hizo viral en internet por explicar mi visión de la pobreza. Y mi visión de la pobreza está condicionada por el hecho de haberla vivido más de 20 años en un contexto de villa, maternidad adolescente, rancho de chapas, piso de tierra, contexto que conocen muchos en la Argentina, no es algo minoritario como se cree, la realidad es que en la Argentina los pobres somos el 50% de la población y en algún momento en el que la Argentina anduvo muy bien hace poco se llegó a reducir a un 23%, pero nunca se llegó a que sea algo minoritario”, así se presentó Mayra Arena y realizó la introducción a su exposición.

Destacó que “es minoritaria la aparición de pobres en los medios de comunicación o en espacios en los que tenga que dar su opinión o su punto de vista el que es pobre, su forma de ver el mundo, su forma de interpretar la política, la realidad, en este sentido si somos minoritarios, por eso creo que quizás la realidad o los medios es tan generoso conmigo y es que había un espacio vacío, nadie habla de la pobreza desde la pobreza, siempre se habla desde afuera”.

“Me gustaría hablar del pobre como sujeto, salirme de mi misma, aunque uno no puede salirse de su subjetividad, pero uno puede intentar ampliar o diversificar o llevar desde lo particular a lo general y ver si desde lo general es aplicable a lo particular, creo que esa forma de desarmar los pensamientos nos puede ayudar a ver si somos parte de la media, si somos parte si somos parte de la generalidad, si en algunas cosas somos excepcionales o nos creemos parte de la excepción, y por sobre todas las cosas construir un pensamiento que no tenga que ver solamente con la mirada personal que siempre es limitada. Uno ve al mundo desde su ventana y si bien puede haber muchas ventanas parecidas o pueden haber muchas ventanas que encaren para el mismo lugar, yo creo que es importante saber o ser consciente de las limitaciones uno tiene desde donde mira al mundo”, explicó la joven que nació y creció en una villa de Bahía Blanca y hoy deslumbra a la intelectualidad argentina con sus videos o charlas TEDx y es la referente de miles de pobres que avanzan en la construcción de su propia conciencia de clase a partir de los filosos y crudos análisis de Mayra Arena.

“Voy a hablar del pobre desde cuatro grandes puntos de vista en relación a cuatro puntos de vista en relación al pobre interculturalmente, que es uno de los grandes problemas del pobre, el pobre cuando sale a la vida y se da cuenta que es pobre e intercambia posiciones con gente que no es pobre, porque es fundamental esto, porque hay una familiaridad en el contexto de pobreza y es que cuando uno nace en un determinado lugar uno conoce gente con los valores de uno, las familias del entorno nos moldean y uno se vuelve como el lugar de origen. Hay una coincidencia de los códigos, de los valores, del lenguaje, de lo simbólico, de los consumos culturales, de los gustos musicales, que no ocurre cuando uno sale a la vida donde choca interculturalmente con otras personas y a algunos nos empieza a pasar desde muy chicos y a otros les pasa desde más grandes. Siempre en algún momento de la vida pasa, nadie vive en una burbuja. Yo creo que depende del momento de la vida en que te toque y depende de la fortaleza que tengas para enfrentar ese choque cultural, la capacidad de analizar, la capacidad de no cohibirse, va a tener mucho que ver en como uno toma ese otro, la existencia de los otros en sentido de que existe otra forma de ver el mundo, otra de vivir la vida, otro estrato económico, social, cultural”, precisó la joven a la hora de brindar su marco de análisis.

Además de enriquecer el lenguaje con nuevas palabras o construcciones gramaticales novedosas, Mayra Arena también propone categorías de análisis poco exploradas para desarrollar un análisis cualitativo. “Estas teorías mías falopa que yo construyo, que no tienen solvencia alguna, tomenlas como de quien vienen”, dice ella con absoluto desparpajo, mientras deslumbra a su auditorio, en este caso virtual.

Pese a la modestia, la elaboración conceptual atrapa al auditorio. “Yo creó estos cuatro estratos, yo los divido así: el pobre como sujeto contra sí mismo, primero está el pobre solo o el pobre como individuo y en esa individualidad me gustaría detenerme, el pobre contra el mundo o con el mundo, digamos el pobre con el otro descubriendo la otredad, el pobre con su objetividad, con sus pensamientos, son su subjetividad; y después el pobre con la realidad física, con las limitaciones físicas de infraestructura, y el pobre contra las creencias que están por encima, contra lo religioso, con lo ideológico, las creencias que están de moda, new age, horóscopo, todo ese bagaje cultural que modifica y cómo modifica el desarrollo de una persona”, precisó Mayra Arena, fijando el punto de partida de su análisis.

Luego señaló “el pobre como individuo, el sujeto como individuo, es algo que me fascina, cómo construye desde la infancia y desde la adolescencia su universo de valores, su universo de creencias, porque eso va a tener que ver en cómo planifica o cómo encara la vida, es decir todas las personas desde el momento en que empiezan a crecer y a tener autoconciencia empiezan a imaginarse el futuro, empiezan a proyectar lo que va a ser su proyecto de vida. Hay algo muy interesante que dice Nietzche en ‘Así habló Zaratustra’, tiene una teoría de las transformaciones del espíritu y no está hablando del pobre, si no que habla del sujeto, y el habla de las transformaciones del espíritu del sujeto y habla del camello, del león y del niño. El propone que el espíritu es un camello que carga, en la adolescencia y en la juventud, con la fuerza de todo lo aprendido, carga con lo que se le impone como verdad. Es decir, si naciste en una familia religiosa durante tu infancia, durante tus primeros años, vas a aceptar a eso como la realidad y vas a cargar con eso, si en tu familia es un valor, vas a cargar con eso, con el valor de que a tu familia le tenés que llevar un título, tenés que llevar buenas notas, todo lo que uno aprende desde el momento en el que nace, en el contexto en el que nace, y lo lleva como carga propia”.

“Esto ocurre en cualquier sujeto, ¿pero por qué me interesa a mí aplicarlo al pobre? Porque si uno nace en una familia en donde además de falta de recursos materiales, económicos, objetivos, hay una suma de desigualdades sociales que han hecho que los valores de esa familia o los ideales de esa familia no presenten un ideal de progreso, es decir, no presenten a la pobreza como problema, sino como realidad, va a ser que en el niño la pobreza sea simplemente la forma de vivir la vida. La pobreza es parte de la vida porque es la vida que se conoce. Y no hay resentimiento, no hay enojo y  no hay idea de que la vida es otra cosa más que el rebusque del día a día. ¿Qué es la vida?, para ese sujeto, que nace en un contexto de rebusque, con una familia que no tiene el proyecto de llevar adelante una transformación de esa pobreza, el sujeto va a cargar con esa idea”, sostuvo Mayra Arena.

«Creo en la política, en la educación y en la cultura por sobre todas las cosas para entender la importancia de que el piso sea más digno, no creo en terminar con la desigualdad, no tengo la fantasía utópica de que seamos todos iguales y corramos en ronda».

Siguiendo con su razonamiento, destacó que “Nieztche habla de que ‘hay una transformación en el espíritu’. Y puede haber dos transformaciones. La primera es cuando pasa de ser camello a ser león, cuando pasa de cargar con toda esa mochila, renuncia a esa carga, y como un león busca su propias presas, es decir el sujeto renuncia a todo eso que aprendió y, si su espíritu evoluciona, empieza a ponerse sus propias metas en base a la subjetividad que el construyó y que ahora quiere para su futuro. Es un estadio evolutivo al que no todo el mundo llega y al que no todos pueden llegar porque tiene que ver con el quiebre de las creencias que construyeron en la infancia y donde uno nació. Nietzche evalúa que es muy difícil que el sujeto llegue a ese estadio de evolución en el que logra romper todo eso que aprendió desde la casa y ponerse nuevas metas”.

Y aquí llega la primera conclusión importante en el desarrollo que presenta Mayra Arena: “Si lo aplicamos al a pobreza es realmente preocupante, porque si lo que aprendiste es la pobreza, los mecanismo que aprendiste son para encarar la vida en esa pobreza, no para romperla ni para salir de ella, sino para hacer la vida lo más amenamente posible dentro de ella. Cuando se logra ese quiebre el pobre empieza a tener metas, ya sea académicas, culturales, económicas o sociales”.

También aborda la marginalidad y su complementariedad con la pobreza. “La marginalidad tiene que ver con no tener en claro cuál es tu lugar en el mundo, y en eso se diferencia de la pobreza, el pibe de clase media o un pibe no pobre con un gran vacío existencial, que descubre que todo lo que le enseñaron desde la casa no lo llena, que ese título que le dio a sus padres a él no lo hace feliz, es lo más parecido que vas a encontrar a un marginal. En muchos casos eso ocurre en la pobreza y ahí tenemos una doble marginalidad, porque el joven de clase media que no sabe cuál es su lugar en el mundo por lo menos va a tener una serie de herramientas y recursos para pretender buscarla y encontrarla. Puede encontrarla o no pero por lo menos tiene esos dispositivos. El joven que vive en la pobreza no los tiene. Ese pobre marginal, no sólo no tiene un lugar en el mundo, tampoco tiene las herramientas para averiguarlo”, afirmó.

Por otro lado, puso de relieve que “el pobre en sí mismo, no solo tiene que evolucionar espiritual o culturalmente para lograr romper esos paradigmas aprendidos de pobreza y de reproducción de pobreza, supongamos que tiene la suerte de romperlos y descubrirlos, cuando lo haga se va a encontrar con que es pobre, porque no tiene los recursos económicos objetivos para salir de la pobreza. En el sujeto como pobre me gustaría que nos detengamos. Lo difícil que es para el individuo volverse autoconciente de su pobreza. Esa evolución del espíritu, si es que ocurre, porque es difícil que ocurra, se choca con la realidad de todo el bagaje económico y cultural que le falta”.

En otra conclusión también muy interesante, Mayra Arena afirmó que “en cuanto el sujeto sale a la vida real, al intercambio con los no pobres, cuando sale del barrio, de la villa, de la comodidad de esos lugares donde compartís tantos códigos, y va a la escuela, si es que va a la escuela con gente de otros sectores, algo que ya no sucede tanto y es una pena porque la escuela de calidad debería funcionar como un unificador de las clases sociales. Cuando el pobre sale a la vida real”.

A modo de análisis etnográfico, le pone vos a ‘los otros’, situándose ella como integrante de ese colectivo. “Cuando uno va a un barrio pobre, uno va a ver la realidad, pero si entrevistás a las personas te vas a encontrar con mucha deshonestidad y con muchas falsas percepciones. Tengo la suerte de haber recorrido mucho el país porque me apasiona la pobreza, me desvela la pobreza y considero que no es lo mismo la pobreza del norte que la del sur, de las ciudades centrales, entonces me interesa mucho conocer diferentes tipos de pobres. En cada lugar que voy les pido que me lleven al lugar más pobre de la región. Cuando pregunto en esos lugares a los que voy, completamente marginados, completamente aislados, siempre les pregunto por el barrio más pobre de la ciudad, de la región, del lugar; nunca nadie me dijo ‘es este’. Siempre hay otro barrio más pobre para señalar. Y esta es la primera cosa que señalo en relación al pobre con el otro porque el ser humano en la búsqueda de la supervivencia necesita sentir que no es el que peor está. Y esto nos pone en una desventaja. Yo a veces no sé si hablar desde adentro o desde afuera, es confuso. Los otros sectores con demandas sociales, las mujeres, las comunidades LGTB, minorías raciales, no tienen otra opción de reconocerse como lo que son. Con la pobreza no pasa eso porque nadie se quiere identificar como pobre. Hoy en la Argentina el 50% de la población es pobre y, sin embargo, se sigue hablando de la pobreza como una minoría a la que hay que ayudar y no la mitad de la población Argentina. ¿Por qué es tan fácil lograr esta inversión cultural? Porque el ser humano busca sentir que no está tan mal, que siempre hay alguien que está peor. A la hora de identificarse casi nadie se identifica como pobre, al 80% de los pobres le preguntás de qué clase social se sienten y te dicen de clase media, aunque le falte un millón de años para ser de clase media”, destacó.

Discriminación y racismo

Otros de los puntos altos de su charla fue la interpretación sobre la discriminación y el racismo. “Hay dos cosas que suceden en la Argentina sobre el pobre en su relación con el mundo. En la Argentina el racismo no es tradicional. Los argentinos si somos racistas, pero no en la forma tradicional, en el sentido en el que no es tan importante el color. Cuando hay un ojo discriminador, primero se actúa sobre el color, sobre los rasgos, donde se profundiza la discriminación es sobre la clase. Si sos negro sos ligeramente sospechoso, pero donde ocurre la discriminación es si sos negro y pobre. Si tenés rasgos provincianos te van a subestimar, pero donde ocurre la discriminación es si tenés rasgos provincianos y además sos pobre. La discriminación más fuerte en la Argentina es de clase, es contra el pobre. Mucho más contra la nueva clase de pobres que surge a partir de los ’90, que es el villero. Hay una identidad villera. Esta especie de infraclase, de subclase, es más pobre que el pobre y no por una cuestión de recursos económicos, sino por una cuestión de que es más marginado y discriminado porque representa un conjunto de valores culturales que la sociedad rechaza. ¿Cómo te das cuenta de que alguien es villero? ¿por nacer en una villa? No.  No tiene que ver con eso, tiene que ver con adoptar la cultura villera. Muchos que nacen en las villas adoptan la cultura villera y muchos no. Mucha gente “no parece villera” como le gustaría decir a muchos sectores. En esta clase villera tenés los personajes más odiados: la madre que depende de la seguridad social, en el ideal antipobre sería “se embarazan por un plan” o “se embarazan por una asignación” y el villero ruidoso, que está todo el tiempo buscando armar quilombo, el villero más agresivo. Esta infraclase es la que tiene los peores problemas a la hora de buscar integrarse a la comunidad o a la hora de ser integrados. En la mayoría de los sectores van a sufrir una discriminación porque precisamente el racismo en la Argentina funciona a través de la clase. Primero va a surgir cuando se vea al villero con todo el porte villero, que comprende un montón de rasgos culturales y de merchandising, porque hay un bagaje de consumo en la identidad villera, y con la madre que anda con tres, cuatro, cinco hijitos y desde el otro se presupone que es pobre y vive de la ayuda social. Estos son los sujetos más discriminados de la Argentina, no pasa por el color, se acentúa la discriminación cuando se refuerzan estos estereotipos de clase”, sostuvo Mayra Arias.

Parte de categorías que toma del sociólogo francés Loïc Wacquant, forjadas en sus estudios en los ghettos estadounidenses, y las aplica con gran lucidez a la realidad Argentina.

Sostuvo que “para ese sujeto actuar interculturalmente, ir a una Universidad, ir a buscar laburo –que para mí es la clave más importante-, se vuelve una experiencia muy distinta a la de los sujetos que no comparten códigos culturales con esas personas. No es lo mismo para alguien que culturalmente se asemeja más a las clases medias que alguien que culturalmente se parece más la clase baja de las bajas, por cómo van a ser mirados, por cómo van a ser tratados, por cómo van a ser subestimados incluso si cuentan con alguna formación y por cómo van a ser recibidos. Hay una agresividad que no es necesariamente activa, muchas veces es pasiva, es discreta”.

“Le pido a la gente en que piensen cuando salen vestidos de pobres, así no más, con una campera inflable, una capucha, un jogging, si no le pasó que cuando van a comprar los sigue el guardia de seguridad. Te sentís acompañado. Es tratado de forma pasiva. El seguridad no te dice ‘che, tenés pinta de chorro’, pero entrás a un lugar y el seguridad te empieza a seguir. En esas pequeñeces, en esas pequeñas formas diferentes de tratar a estos dos sujetos, que para mí son los más discriminados, radican un montón de limitaciones.Si de esa manera te tratan en un lugar, de esa manera te miran, a todos los límites propios que uno tiene para romper las creencias, las limitaciones, a eso le sumás que cuando salís al mundo sos tratado de una manera sumamente hostil. ¿Quién va a tener ganas de salir al mundo cuando es tratado como alguien inferior? Como alguien que le debe algo a los demás, ya sea porque vive del Estado o tiene cierta apariencia”, instó a reflexionar al auditorio.

Sostuvo que “ahí radican las primeras dos grandes estructuras. Primero teníamos la limitación de romper con la realidad, de romper con las creencias, que eso es universal para todos los sujetos. Aplicado al pobre cuenta con todas estas limitaciones. Y después tenemos la hostilidad del mundo no pobre a la hora de recibir a los pobres. Esa hostilidad empuja a los que vienen de barrios marginados, los negros, los que tienen ciertos rasgos, no quieran seguir en las instituciones, no quieran desarrollar la vida en ese contexto. Porque es un contexto hostil. Entonces surge la famosa autodiscriminación y es que el sujeto no quiere ir a ciertos lugares, aunque sean gratuitos, aunque sean públicos, porque saben que no son para él, porque siente va a estar de más, porque siente que va a estar mirado, porque no encaja con los sujetos que frecuentan y son mayoría en esos lugares”.

Leyó un textual de Loïc Wacquant, en el que señala que “los marcadores raciales son imposibles de suprimir para casi todos, pero si significación puede al menos convertirse y revalorizarse”.

A partir de allí retoma su análisis y apuntó que “la diferencia de raza o de género, la subestimación por ser mujer, o por tener la piel oscura, uno no se puede arrancar la piel, pero sin embargo puede pasar que culturalmente se revalorice o se resignifique. Sin embargo el hecho de tener que ocultar el lugar de residencia, ocultar que vivís en una villa, en un barrio de emergencia, en una toma, en un barrio de miseria, en especial cuando vas a instituciones dominantes como empresas, burocracias, que te pueden descubrir, “reactivamente constantemente la sensación de indignidad social y no hay forma de invertir una valencia simbólica porque nadie podría decir que vivir en el ghetto es hermoso”. Es decir, si podemos revalorizar el género femenino para no sufrir discriminación, si podemos revalorizar el color de piel con la importancia de la diversidad, no podemos revalorizar el vivr en un ranchito, no podemos decir que es mucho mejor. En el ideal de muchos sectores progresistas se intenta poner en valor el sacrificio, pero a la hora de pedir laburo, si decís que sos de una villa, el que te da laburo va a tener en cuenta que sos de una villa. Y no solo que sos caldo de cultivo de la violencia social, si no que vas a tenerlas limitaciones de alguien que vive en esos lugares: falta de acceso al transporte público, problemas para llegar, problemas de inundación. Entonces acá es donde ocurre la plenitud de la aceptación de la pobreza. El pobre nace un contexto, se imagina pobre y en el mejor de los casos puede llegar a romper ese espíritu e intentar salir de la pobreza. Cuando intenta salir se encuentra con un mundo, la mayoría de las veces, hostil. En esa hostilidad radica la gran frustración  y el resentimiento por el mundo no pobre. ‘Encima de que vos te fue bien y a mí me fue mal, vos me tratás mal’. Ahí surge el resentimiento, las broncas sociales”.

Sobre este punto, Mayra Arena afirmó que “importa el color y mucho” y reveló que “nunca voy a dejar de reconocer que ser blanca fue una de las cosas que más me ayudó a salir de la pobreza y tener oportunidades”.

Retomando las categorías de su complejo análisis, destacó que “la tercera pata tiene que ver con las limitaciones objetivas y materiales, es decir pobre saliendo y encontrándose con un mundo hostil, y supongamos que  es fuerte de espíritu y esa hostilidad no lo acobarda, hay limitaciones materiales concretas. A todas las limitaciones subjetivas, le sumamos las limitaciones reales. La salud, la presencia, la estética, la posibilidad de higienizarse a diario, de cuidar su pelo, de cuidar su piel, su imagen, su lenguaje, la relación con la tecnología, con los idiomas, con el idioma castellano. La tonada villera es claramente distinta de la tonada no villera. Ese condicionamiento física es una limitante a la hora de buscar empleo, a la hora de buscar conexión intercultural. En general, una persona que viene con lenguaje villero va a ser subestimada, menos tomada en cuenta que una persona con lenguaje no villero. Estas limitaciones materiales se suman como una tercera pata a la hora de la interculturalidad. La limitación de tomar un colectivo porque el barrio queda lejos, porque el barrio está inundado, porque no tengo plata para la Sube, porque no tengo plata para la ropa, porque voy al trabajo todos los días con el mismo pantalón y es el único pantalón que tengo”.

“Por último los condicionamientos que generan las creencias, ya sean religiosas, espirituales, del tercer tipo. Ahora está de moda creer en respirar, creer en decretar, en la ley de atracción, todas creencias meritocráticas porque recaen en el individuo. Tengo que respirar con la suficiente fuerza, tengo que decretarlo con la suficiente fuerza, tengo que declararlo, tengo que vibrar tan alto como para que los problemas no me afecten todo mérito del individuo, todo recae en uno. Por lo menos los para los que creen en Dios, tienen  la piedad de que si no te toca es porque no está en el plan de Dios, es externo. Pero en las creencias más nuevas hay más cargas sobre el sujeto” y con esto finalizó su enumeración.

A partir de allí construyó un despliegue de herramientas necesarias para apuntar hacia una transformación. “Creo en la política, en la educación y en la cultura por sobre todas las cosas para entender la importancia de que el piso sea más digno, no creo en terminar con la desigualdad, no tengo la fantasía utópica de que seamos todos iguales y corramos en ronda. No creo que eso ocurra. Empezar a pensar las políticas públicas con un concepto de finitud, es decir hay un problema y tengo que tratar de solucionarlo o de minimizarlo”, afirmó Mayra Arias.

También concluyó en que “la política pública, la ley creada, el programa social creado, todo lo que se cree desde la política como herramienta transformadora tiene que ser pensado como algo dentro de un parámetro de tiempo, porque si lo volvemos política universal, si lo volvemos política de Estado estamos diciendo que siempre vamos a tener ese problema, estamos diciendo que es una política de Estado porque es algo con lo que vamos a tener que convivir. Hay muchas cosas que merecen ser política de Estado como lo son la educación y la salud pública, siempre vamos a necesitar que los ciudadanos estén lo más educados y sanos posibles. Ahora la cuestión de cómo se enfrentan las problemáticas relacionadas a la pobreza, cultural, económicas y sociales y las diferencias que existes entre quienes radican en ella, tienen que ser abordadas como algo temporal, con las limitaciones temporales de cada época. Si hoy tenés a uno de cada dos argentinos en la pobreza, no podés asumir que son todos iguales. El que es empobrecido no va a tener el mismo resentimiento del que siempre fue pobre. El que siempre fue pobre tiene otra aceptación. El que es empobrecido no sabe vivir en la pobreza, tiene más problemas a la hora de enfrentarla”.

“Creo fundamental que cualquier política cuando se lanza, cuando se empieza a aplicar, tenga la intención de disciplinar, tenga la intención de educar, tenga la intención de establecer algo como norma ideal. Dentro de todas las complejidades y diversidades que puedan existir, en el pensamiento, en la pobreza y en la riqueza, tenemos que establecer cuáles son las cosas indiscutibles. La política pública tiene que ser disciplinadora. Por ejemplo la Asignación Universal por Hijo es un ejemplo perfecto porque disciplina en el sentido que ‘vas a cobrar por tu hijo si va  a la escuela y si va a controles médicos’, y en este sentido ha sido exitosa, con una leve baja a causa de la pandemia y de la crisis económica, se ha contemplado no quitar la asignación a los chicos que dejan la escuela. Me parece muy importante que se abogue en este sentido: ‘Vas a cobrar la asignación si tu hijo va a la escuela porque tu hijo tiene que ir a la escuela’ porque tu hijo tiene que ir a la escuela. En ese sentido funciona disciplinariamente. Es decir, si en una parte de la sociedad se perdió como valor el ir a la escuela, hay que disciplinar en que ir a la escuela es obligatorio y tiene que ser así”, evaluó.

Sostuvo también que “lo que nunca ocurre es que se discipline a la inversa. No pasa que se le diga a las personas ‘tenés que respetar los derechos de los pobres’. Nunca ocurre que se pida en los grandes colegios privados o las grandes instituciones un porcentaje de becados que van a ser pobres. Nunca se disciplina en el sentido inverso. El problema es que por más que eduques, prepares y capacites a todos los pobres, promediando para arriba, si vos tenés desde el otro sector una hostilidad, una resistencia, a que ‘esos no pueden pertenecer porque son pobres’, no va ocurrir la transformación, no va a ocurrir la interculturalidad y no va a ocurrir, por sobre todas las cosas, la movilidad social ascendente”. “La escuela pública siendo de calidad y recibiendo gente que migró a la privada podría funcionar como niveladora, la escuela privada recibiendo un cierto porcentaje de gente pobre también podría ser niveladora, las empresas teniendo otra perspectiva de capacitación y de trabajo y podríamos seguir pensando un montón de ideas. Pero nunca se piensa desde ese sector a la pobreza, porque siempre se echa la responsabilidad a los sectores pobres, incluso desde los que tienen una intención positiva de capacitar, integrar, pero no va a ocurrir que exista este ideal de erradicar la pobreza y de promediar para arriba desde los dos sectores. Esa es mi teoría”, concluyó Mayra Arena.

Video completo del encuentro en el que participó Mayra Arena.

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