Un grupo de docentes y estudiantes de la Facultad de Turismo busca generar conciencia sobre la importancia de disfrutar el río, reconociendo a la naturaleza y a la biodiversidad como componentes básicos indispensables para una mejor calidad de vida de la población.
La tarea se encuadró en un proyecto de voluntariado solidario que surgió en plena pandemia y se desarrolló bajo el nombre Mi río me importa. El objetivo del programa consistió en difundir conocimiento mientras se disfrutó la ribera del Limay, y fue llevado a cabo entre 2020 y 2021 por el equipo del Grupo Recreación y Turismo en Conservación (GryTeC) de la Facultad de Turismo, a través de un convenio entre la Secretaría de Extensión Universitaria y la cooperativa eléctrica CALF. Después del éxito de la propuesta, ahora se están llevando a cabo gestiones para reabrirla.
Los destinatarios del proyecto fueron personas de la ciudad de Neuquén y alrededores, con interés en la naturaleza y en actividades recreativas en áreas periurbanas, en particular en el Paseo Costero del río Limay. La propuesta de concientización y capacitación ha sido dirigida a distintos grupos de interés considerando sus particularidades.
“Nosotros partimos de un conocimiento previo, reconociendo el deterioro del río y una baja consideración de la preservación de la naturaleza, con la incorporación de más cemento, más instalaciones y que la gente no considerara que con eso estábamos modificando la naturaleza, hicimos algunos estudios, que tienen que ver con la percepción de la naturaleza, y el cemento, las luces, parece que dan más seguridad más comodidad. Paradójicamente, nos decían, en muchas encuestas que hicimos, que lo que les gusta de la zona ribereña es la costa de enfrente que es más natural”, destacó la directora del proyecto María Gabriela Torre.
El proyecto tuvo alto impacto a través de diferentes acciones, que incluyeron visitas guiadas a colegios, jornadas in situ, talleres y publicación de contenidos en redes sociales, con alcance a un público aproximado de 14.000 personas.
Los impulsores de la iniciativa destacaron que, por las restricciones sanitarias producto de la pandemia, buena parte del proyecto discurrió a través de redes sociales con posteos, historias, videos y charlas en vivo. Ya en el año 2021 se pudieron materializar salidas de campo con estudiantes de nivel primario de 4to y 5to grado de la Escuela N°366 de Colonia Nueva Esperanza y de 2do año del secundario, del Colegio Jean Piaget. Con la Escuela 366 se realizaron dos salidas, una el 19 de noviembre con 27 niños y niñas de 5to grado y la segunda el 9 de diciembre con 14 niños y niñas de 4to grado. Los estudiantes de secundario realizaron su visita el día 28 de octubre y el grupo estuvo compuesto por 52 jóvenes. Cuando ya se fueron levantando las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia, se desarrollaron distintas actividades de limpieza de la ribera y actividades de concientización.
El proyecto estuvo dirigido por la profesora María Gabriela Torre, codirigido por el profesor Juan Manuel Andrés, integrado por los docentes Matilde Encabo, Sandra Sánchez, Melina Hrabar, Daniel Paz Barreto y Luis Cánepa, además de diez estudiantes de la carrera de Turismo.
En su informe final, el equipo destaca que “las ciudades y sus habitantes, tienen escasa valoración de los territorios naturales propios y del tiempo que requieren las dinámicas ambientales para constituir el paisaje natural. Es así que se observa, entre otras prácticas, el retiro de árboles añosos, destrucción de la vegetación del bioma monte sin ponderación del tiempo de restauración, acompañado por una preferencia (muchas veces inducida por la gestión local) de espacios “parquizados” con alto grado de intervención y modificación. Esa concepción desconoce que parte del disfrute se debe a la naturalidad de esos espacios”.
Advierten que “el proyecto del Paseo de la Costa está modificando las características de la ribera, quitando especies vegetales nativas y exóticas con la alteración consecuente del hábitat y urbanizando con exceso de concreto y cemento. Sin embargo, en la percepción general de quienes los visitan, la nueva configuración del paseo les ha permitido acercarse más al río y aceptan el cambio de verde por cemento porque les parece más ordenado y accesible”.
Ponen de relieve también que “existe un bajo conocimiento acerca de la dinámica del río Limay en la zona de la confluencia, los meandros, las islas, la flora autóctona y la introducida, la fauna típica y las estrategias de adaptación de las especies, lo que lleva a “naturalizar” la alta antropización de ese espacio y a realizar actividades que degradan el ecosistema local”.
Dadas las características del proyecto se realizaron también actividades en áreas aledañas a la Isla 132 que conforman el Paseo Costero, considerando la mirada ecosistémica planteada como fundamento de la propuesta. Estas actividades incluyeron la participación en marchas de visibilización de la contaminación del río, jornadas de recolección de colillas de cigarrillos, jornadas de limpieza del humedal Laguna Paimún y de recolección de basura en el área protegida península Hiroki.
Concluyen que “resulta urgente la implementación de acciones locales y regionales que consideren a la recreación y el turismo desde la conservación. Un camino es el conocimiento, difusión y divulgación de esa relación, a través de las buenas prácticas ambientales, para valorarla como un elemento indispensable del buen vivir de las personas, el incremento de derechos de todos los seres vivos, la identidad con el territorio natural local y el incremento de la calidad ambiental turística recreativa en acciones concretas”.

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